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Amor a Dios y a sí mismo en Dios.

  • Foto del escritor: Monjes Trapenses
    Monjes Trapenses
  • 21 ene 2019
  • 2 Min. de lectura


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Evangelio según San Marcos 2, 23-28.


Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: « ¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?». Él les respondió: «¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?». Y agregó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado».


Reflexión:

El sentido más profundo del sábado en el Antiguo Testamento es fomentar la relación entre Dios y el ser humano, y por lo tanto favorecer a la persona. El descanso más radical y fructífero es el que Dios concede en la relación con Él basado en la confianza y el amor. Pero existe la tendencia en toda religión a reducir todo esto a una norma que se olvida de su propio sentido y se reduce a una observancia inflexible. En este sentido el sábado es para el hombre y no al revés; el hombre ama el sábado, el descanso con Dios, porque ama a Dios y se ama a mismo en Dios.

El sábado tiene que ver con la necesidad humana que Dios satisface y es por eso que Jesús no impide que los apóstoles arranquen espigas al pasar para satisfacer su hambre. Pero todo el texto apunta a quien satisface de manera más radical la necesidad humana: Cristo mismo quien lleva la ley a su plenitud en su propia persona.

P. Plácido Álvarez.

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