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Riqueza a los ojos de Dios.

  • Foto del escritor: Monjes Trapenses
    Monjes Trapenses
  • 18 oct 2020
  • 1 Min. de lectura


Evangelio según San Lucas 12,13-21.

En aquel tiempo uno de la multitud le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Jesús le respondió: "Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?". Después les dijo: "Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas".

Les dijo entonces una parábola: "Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: '¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha'. Después pensó: 'Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida'. Pero Dios le dijo: 'Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?'. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Meditación:


Jesús pone el marco en el que hemos de valuar las riquezas y se niega en este caso a juzgar sobre la justicia de su distribución entre estos dos hermanos; advierte severamente contra la autosuficiencia que aleja de Dios y que ignora el fin natural; también contra toda actitud que pone su confianza en las riquezas. Cada uno es responsable de lo que hace y dará cuentas de ello a Dios. Lo importante es ser rico a los ojos de Dios en justicia y en generosidad.

P. Plácido Álvarez.

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